MI CORTA VIDA

Sé que cuando me dejes salir, moriré pronto. Sólo podré vivir si permanezco dentro, pero no quiero ver la vida a través de estas ventanas. Prefiero morir, pero sentir el aire, la luz y la realidad de las cosas.
Sé que cuando abras, todo un mar me arrastrará hacia fuera, y querría que fuera por alegría, para morir viendo tu sonrisa, pero a veces es la tristeza la que se adueña de la llave que ha de abrir la ventana.
No quisiera que me olvidaras. Soy tan pequeña, que muy posiblemente ni te acuerdes de que existo, y cuando desaparezca, quisiera que en tu mente quedará un recuerdo aunque fuese muy pequeño, de mí.
Me gustaría que siempre tuvieras presente que yo te ayudé a librarte de tus emociones, que fui un desahogo para tus sentidos, que si no hubiera sido por mí, quizás te hubieras ahogado por dentro.
A pesar de mi corta vida, quisiera que supieras que yo sólo quise ayudarte.
Ya se abren, ya soy empujada hacia fuera. Procuraré hacer bien mi trabajo. No me olvides.
Soy la lágrima que corre por tus mejillas, pero ¿estas alegre o triste cuando resbalo por ellas? No me enteraré, porque moriré antes de caer por ellas. Adiós.

ANA RIVAS

INSTINTO DE SUPERVIVENCIA

No creas que te he olvidado,
aunque no te mire cuando pases por mi lado,
es el instinto de supervivencia,
para no pensar en el pasado,
para no tener que sentir el ahogo,
la falta de aire, el corazón parado.

No creas que ya no te quiero,
a pesar de querer odiarte si tocas mi mano,
es el instinto de supervivencia,
para no sufrir más cuando te hablo,
para no sentir el hielo en mi costado,
recordándote a mí abrazado.

No consigo poder olvidarte,
pero lo estoy intentando,
es el instinto de supervivencia,
el que me está obligando,
porque si permanecía a tu lado,
sólo podría sufrir mucho daño.

No me hacías ningún bien,
pero permanecía a tu lado,
y el instinto de supervivencia,
me ha ido poco a poco despertando,
a pesar de que sigo temblando,
si te acercas demasiado.

ANA RIVAS

FUSIONÉMONOS


Fusionémonos, como dos piezas de puzzle de mil piezas, con la sensación de alegría que da, el haberlas encontrado después de mucho tiempo.

Fusionémonos, y formemos una OPA uniendo nuestros deseos, quedémonos con la idea de que somos uno sólo con dos corazones.

Fusionémonos, y sintamos que el amor se hace más grande, que somos un complejo de sensaciones, que sólo al estar juntos somos más grandes.

Fusionémonos y no consintamos que nada nos separe, seamos un pensamiento, y una sola carne, querámonos como sólo pueden los amantes.

Fusionémonos, y quedémonos unidos para siempre, sin posibilidad de separarnos, sin desearlo nunca, sólo pensando en amarnos y en querernos para siempre.

Fusionémonos y nos confundirán con un solo ser, grande y pequeño a la vez, pero fuerte en vivencias, en sentimientos y en deseo.

Fusionémonos, porque si no lo hacemos, seremos pobres y nos faltará riqueza de amor, de cariño y de experiencia.

Fusionémonos, si no lo hacemos no seré nadie y tú quizás tampoco aunque ahora no lo sepas.

ANA RIVAS

BUFANDAS

 Me ha dado por hacer bufandas,. Esta foto que he puesto, es una muestra de ello.
He hecho y sigo haciendo bufandas de varios colores, largas, cortas, de volantes, con flecos, para mi hijo, para mi madre, mi sobrina, mi suegra, para mí misma.
He hecho tantas que hasta he podido vender algunas en un rastrillo solidario.
Es que estoy obsesionada, acabo una y tengo que empezar otra, y la verdad, es que no sé que puede significar ésto, pero es que no paro.
En mi armario no caben más, pero no puedo parar.
Los psicólogos, le encontrarán un significado a ésto, al igual que al hecho de coleccionar cosas compulsivamente.
Algún otro día hablaré de mis colecciones.
¿Tenéis frío? ¿Alguien quiere alguna? TENGO MUCHAS.
Besitos
Ana

PRESCRIPCIÓN FACULTATIVA

Josefa estaba triste, melancólica, apagada… en fin, que no sabía lo que la pasaba, no la dolía nada, pero no se encontraba bien. No tenía familia, pero vivía bien, no la faltaba trabajo, (era abogada) y era dueña de un bonito apartamento. Todavía era joven, tenía 40 años, y aún no se notaba el paso del tiempo en su piel. Siempre bien vestida, siempre recta y sabiendo que decir en cada momento. Conocía mucha gente, por su trabajo sobre todo.

Peor luego, llegaba el fin de semana, y se lo pasaba en casa con un bool. de palomitas, viendo películas de los años 50. Poco a poco dejó sus relaciones de amistad, porque sus amigos se fueron casando o se trasladaron de ciudad, y al final, todo se reducía a trabajo y trabajo, y un piso vacío, lleno de libros y películas. Como veía que no se le pasaba su malestar decidió ir al médico.

Buscó al mejor, se lo podía permitir, y le dieron hora para una semana después. Llegó a la consulta y esperó su turno, y cuando le tocó entrar, se encontró con un doctor mayor, con pelo blanco y sabiduría en los ojos. Pensó que era mas joven, pero no le desagradó.

-Dígame Josefa ¿que la pasa?.. la preguntó con voz serena.

 Ella le dijo sus síntomas, como se sentía, y él mientras escribía el informe, después la auscultó, la tomó la tensión y la hizo un reconocimiento. Y seguidamente, cuando ella volvió a sentarse, el doctor se la quedó mirando y la dijo:

-Ya sé lo que la pasa.

-¿Como? dijo Josefa,- no puede ser. No me ha mandado ni análisis ni radiografías.

-No me hace falta, porque usted lo que necesita es que la abracen y la besen.

 Y por prescripción facultativa, a partir de ese día, Josefa debía sonreír, intentar hacer amigos, y dejar sobre todo que la abrazasen y la besasen.

Y comenzó a sentirse mejor…
ANA RIVAS

EL PARQUE

Paseantes despistados,
pintores, y adivinos,
amantes que se esconden,
padres con sus niños.

Lectores de libros antiguos,
ciclistas y corredores,
abuelos con sus nietos paseando,
echando limosna a los pobres.

Estatuas grandes y esbeltas,
olmos, pinos y álamos,
algún fotógrafo perdido,
actores que no son consagrados.

El parque todo lo vive,
pasan y pasan los años,
y en las ramas de los árboles,
cantan sin cesar los pájaros.

Sentado en un banco escondido,
siempre se ve al mismo anciano,
ha pasado tanto tiempo,
que los surcos se ven en sus manos.

A pesar de estar siempre allí,
nadie le mira ni ve,
y él recuerda con nostalgia,
a quien beso allí una vez.

Sólo el parque le acompaña,
a la sombra del viejo árbol,
muerto quedó allí un triste día,
sentado en el mismo banco.

Al atardecer de ese martes,
se acercaron hacia él los gorriones,
el parque del anciano se despedía,
los árboles eran sus amores.

Llovió sobre el banco del parque,
el sol se escondió llorando
el hombre parecía dormido,
el parque le seguía amando.
ANA RIVAS

CREO QUE TENGO MIEDO


Empiezo a sentir un sentimiento extraño. Creo que es miedo, pero no lo sé en realidad. Es como si me sintiera en una habitación vacía y buscara un rincón para encontrar apoyo, o como si estuviera en el borde de un precipicio y quisiera echar un paso atrás, pero no puedo porque estoy paralizada.
Resulta que ahora, que es cuando parece que soy capaz de empezar a encauzar las cosas, de encontrar el camino correcto, de sentirme por primera vez en mucho tiempo, un poco mas segura, pues siento miedo.
¿Qué me voy a encontrar ahora? No tengo donde agarrarme, y la inmensidad es enorme.
Necesito un punto de apoyo y no lo encuentro y siento terror. Soy como ese pajarillo que debe volar por primera vez, o como el niño que comienza a montar en bicicleta sin ruedines.
Tengo 46 años y resulta que me siento como si fuera una niña desvalida.
¡Qué complicado es todo!
ANA RIVAS

ME LLAMO SOL

Me llamo Sol, y soy hermano de Luna.

Yo al contrario que ella, soy diurno, me gusta la luz, los colores, ver todo con claridad. He de reconocer que soy muy pasional, tengo mucha energía, muchas ganas de que me vean, de hacerme notar.

Hay días que los nubarrones se enfadan, porque juego con sus hermanas las nubes, y deciden estropearme el día, me tapan y me incordian y no me dejan que brille con todo mi esplendor, pero en regla general siempre consigo hacerme notar.

A veces consigo que mi hermana Luna venga a visitarme, y se pone cerca de mí. Ella dice siempre, que tiene luz gracias a mí, y yo la digo, que yo no tengo el poder que ella tiene de atraer a las mareas, de hacer que vosotros los humanos cambiéis de humor… pero hay una cosa que la envidio de verdad. No sé como ha conseguido tener ese influjo tan enorme que hasta es capaz de hacer que ciertos hombres se transformen en lobos. Ella me cuenta como son y lo que hacen, porque, claro, yo no los puedo ver…

Pero no me quejo, yo doy vida, color, alegría a la vida de vosotros los humanos. Me gusta veros pasear, me gusta ver los campos, los ríos, el mar.

Cuando mejor me siento es cuando enciendo mis rayos fuerte y potentemente y brillo en lo alto del cielo.

Soy feliz dando vida a la tierra y me encuentro a gusto entre vosotros.

A mí no me han hecho todavía tantas poesías o canciones como a mi hermana Luna, pero es que no me extraña… ella es tan guapa y dulce…

Me llamo Sol… cada día estoy a vuestro lado. No tengáis temor y dejaros acariciar por mis rayos y mi luz.

ANA RIVAS

ME LLAMO LUNA

 Me llamo Luna. Soy noctámbula, vamos que me gusta la noche… A veces salgo por el día para contentar a mi hermano Sol, pero lo hago muy pocas veces y además se me ve muy poco. Es que yo no estoy hecha para el día, la verdad, y mira que mi hermano intenta convencerme, que si todo tiene color, que si los árboles son mas bonitos, que si se ven mejor el mar y los valles. Y es verdad, tiene razón, pero a mí me va la noche.

Tengo que reconocer que si no fuera por Sol, yo no sería nada, no podría dar mi luz a la noche. Pero yo tengo algo que él no tiene. Puedo reflejarme en los lagos, y junto al mar soy una auténtica belleza.

Los enamorados lo son más cuando yo salgo, y mi reflejo es como un imán para las personas. Además tengo poderes sobrenaturales, sí,… no os riáis, soy capaz de hacer que la marea se acerque a mí o se aleje según mi antojo y soy dueña de las aguas. También consigo que los humanos os sintáis atraídos por mí.

A lo largo de la historia me han escrito poesías y canciones. Hasta un toro se enamoró un día de mí y alguien lo hizo canción. Una vez una gitana, me regaló a su hijo, y yo lo críe entre el blanco de mi manto, y la palidez de mi cara. Ahora es un humano más que todas las noches se asoma a su ventana para contarme lo que ha hecho.

Esta noche, buscadme por el cielo, seguro que me encontráis. Yo estaré ahí para vosotros.

A veces no salgo, la verdad es que yo también me siento un poco deprimida, y me escondo en mi guarida hasta que poco a poco voy asomando mi cara y al cabo de unos días salgo con todo mi esplendor.

Los humanos llamáis a esto las fases de la luna, pero la realidad es que no me apetece salir.

Las nubes a veces me juegan una mala pasada. Las gusta jugar conmigo y yo me dejo querer.

Me llamo Luna…buscadme por el cielo esta noche. Si os concentráis mucho, hasta podéis verme sonreír.

ANA RIVAS

ELLA (3er. Y ÚLTIMO CAPÍTULO)

El día fue monótono. Pablo se sentó bajo la sombrilla y empezó a hablar con María. Deseaba volver a enamorarse de ella, quererla como siempre la quiso. Al poco se levantaron para dar un paseo. Durante largo rato no hablaron y sin darse cuenta llegaron a unas rocas donde se sentaron. Sin mediar palabra María le besó y por un momento Pablo creyó que lo de Julia era un sueño, pero cerró los ojos y solo veía la cara de su cuñada, de ella.
Se separó inmediatamente de los labios de su mujer.
-A ti te pasa algo, llevas muy raro desde hace tiempo.
-No me pasa nada, es el estrés.
-No, Pablo, no sé por qué pero este beso me ha hecho confirmar mis sospechas, tú estas liado con otra…
Y en ese momento Pablo no supo que decir, sólo se alegraba de que no sospechara de que esa otra era Julia, además no podía decirse que le hubiera sido infiel, porque ni siquiera su cuñada sabía de sus sentimientos.
Se volvieron a donde estaban todos.
-Que tarde habéis venido, ¿donde estabais? -preguntó Luisa.
Pablo volvió la cabeza y vio a Julia, tan bella, como siempre.
-Julia viene con nosotros, su amigo ya se ha ido. Mañana nos lo presentará.
-Mamá cállate, dijo poniéndose roja.
Montaron todos en el coche después de cargar las cosas.
El día se estaba poniendo gris y amenazaba tormenta.
El camino no era bueno y en pocos segundos empezaron a caer unas gotas del cielo que se convirtieron en una lluvia inmensa. Pablo no hacía más que mirar por el espejo retrovisor. Julia se sentaba atrás y no podía remediar mirarla sin parar.
De pronto sintió la voz de María. Instintivamente miró hacia alante, una curva mal dada, un frenazo y de pronto el coche empezó a dar vueltas de campana.
Sintió que despertaba y al tiempo un fuerte dolor de cabeza. Miró hacia atrás y vio a Luisa y Julia conmocionadas, pero estaban bien. Pedro no estaba, seguro que había salido para ir a pedir ayuda.
De pronto se acordó de María y la vio a su lado con una brecha en la cabeza. Empezó a llamarla… María, María… pero no contestaba. La sacó como pudo del coche. La tomó el pulso, no respiraba, estaba muerta… muerta por su culpa.
Por primera vez en mucho tiempo se dio cuenta de que todo había sido un sueño, de que lo que supuestamente sentía por Julia era ficticio, y de que estaba realmente enamorado de María y empezó a llorar sobre ella como un niño que ha perdido a sus padres.
Lloraba como lloró por Julia, pero esta vez no se avergonzó de sus lágrimas, porque lloraba por María, que había muerto por su culpa.
Pero en ese momento, María se movió un poco y entreabrió los ojos.
-Pablo ¿eres tú?
-Sí, soy yo, no te muevas, hemos tenido un accidente.
-¿Y mis padres, y mi hermana?
Luisa, habló con voz entrecortada:
-No te preocupes hija, estamos bien.
Las sirenas de las ambulancias se oían a lo lejos, y Pablo vio a dos médicos correr hacia ellos con la camilla. Pedro iba a su lado.
Y en ese momento, las lágrimas se mezclaron con la risa y abrazó muy fuerte a María. Ahora, volverían a empezar, o al menos lo haría él.

ANA RIVAS